27 de juny 2007

Un incís...

En aquest viatge virtual que he emprès vull fer una paradeta, un petit incís. Durant el trajecte he topat amb aquest arbre. El vent remena les seves branques d'un cantó a l'altre, el sacseja, el mareja, l'acaricia suaument. Les floretes rosades que cobrien els seus braços poc a poc cauen a terra en una pluja de vida i color, creant una catifa de flors ja mig seques que quan hi passes per sobre fan crec-crec. La brisa fa neteja i deixarà l'arbre despullat, mig nu, per tal que passi l'hivern i a la primavera pugui tornar a florir amb la seva esplendor i guarnir-se i empolainar-se, presumint de la seva bellesa amb orgull. Dels mals records cal fer-ne neteja també. Cal que el un vent amic ens remeni, sacsegi, que ens buidi d'allò que valdria més no recordar. Cal desprendre'ns dels mals moments i deixar que descansin a terra per sempre, que també s'assequin i desapareixin, o que el vent se'ls endugui enllà on ja no puguin turmentar-nos. Fins i tot podrem després pasar-hi per sobre i trepitjar-los amb els peus, rebaixar-los i fins i tot una rialla sorgirà dels nostres llavis quan veiem que hem superat aquella beneiteria que ens va fer plorar, jeure al llit durant dies, rumiar absurdament, patir sense motiu o mil coses més. Els mals records es perdran i a diferència de les floretes, l'any que ve no tornaran: ens haurem desfet d'ells per sempre.


19 de juny 2007

Islandia

El país del hielo. Un lugar magnífico que admirar mientras la habitación está a 30 grados y va subiendo. Una isla perdida en medio del océano donde se mezclan distintos paisajes que se clavan en nuestras retinas y ya es imposible olvidarlos.

En general se podría decir que la mayor parte de la isla es un desierto de hielo y lava, inmersa en un ambiente fresco y apetecible en verano, en cambio los inviernos rigurosos hacen que la vida ponga a prueba a sus ciudadanos.

Sus costas las rodea el océano Pacífico, y si cierro unos instantes los ojos puedo ver aún los típicos drakkares vikingos surcando las aguas y acercándose a la costa. Hombres robustos y fondones, con largas barbas y casquillos con cuernos que consiguen desembarcar y colonizar la isla. Al abrir los ojos mi mente vuelve al presente y la magia de la historia de un país se desvanece pero no se marcha, permanece en un rinconcito de mi mente para siempre, para poder, en cualquier momento, volver a cerrar los ojos y revivirla otra vez.

Frío y calor se fusionan dando lugar a un espectáculo donde la naturaleza, con su fuerza suprema, pone las cartas sobre la mesa e impone su poder. Violentamente, chorros de agua hirviendo surgen de entre las pedrecitas del suelo y suben, y suben y suben hasta tocar las nubes y juntarse con ellas, para volver a bajar, y bajar, y bajar y desaparecer. El geiser se ha dormido... Pero no por mucho tiempo. Instantes más tarde vuelve a rugir la tierra y otra vez una columna de agua y fuego nos deja pasmados. Incansable. Es curioso tal muestra de fuerza y rigor. De pequeños pensamos que alguien ahí debajo juega con el agua tirándola hacia arriba haciendo surtidor, como si de una ballena gigantesca se tratara. Hombres de las nieves tal vez? Sigue siendo un misterio para mí cómo algo que parece ser inanimado a nuestros ojos puede provocar tal maravilla.

Protones, neutrones, fusiones... Una clase de química un tanto aburrida... Y un poco deprimente al pensar que eso luego no tiene ninguna utilidad, que solamente nos sirve para perder el tiempo. Pero jamás habría pensado yo que uno de los cielos más bellos del mundo se debe a la acción de tan minúsculas partículas, que tras chocar entre ellas y reaccionar con otros gases originan una tierna y fantasmagórica luz que llena el cielo de colores, como unos fuegos artificiales infinitos, inmortales, que no se apagan y siguen quemando con la misma fuerza que cuando los encendimos. La conocemos como aurora boreal, y en Islandia puede verse en invierno, en un festival de luz y color que no deja a nadie indiferente. Uno de los millones de motivos por los que también elegiría este país como destinación para un viaje inolvidable.

16 de juny 2007

Venezia - Italia

Mágica ciudad, misteriosa, llena de secretos y leyendas de amor y muerte, de pena y alegría. Mi ruta empieza en esta ciudad que sí he podido gozar con mis propios ojos, que me ha cautivado, enamorado, me ha hecho vivir. Tan diferentes a nuestras calles, las suyas... Agua, vida que las inunda y nos obliga a pasearnos por ellas en distinguidas góndolas o en vaporettas corrientes. En verano se llena de actividad hasta resultar en ocasiones sofocante. A la orilla del Mediterráneo te absorbe la humedad del aire, el bochorno que te comprime contra el suelo como si no quisiera que te levantaras y observaras tantos puentes, iglesias, plazas y mansiones de hace siglos que todavía luchan con el Tiempo y siguen ganando su batalla día tras día, manteniéndose erguidas y majestuosas sobre las aguas. Palacios de antiguas princesas y hombres de bien, convertidos en hoteles y restaurantes que aparecen a ambos lados del canal, invitándote a acabar la jornada con una velada maravillosa.


Mi mirada envidiosa y analizante se para en una de esas góndolas majestuosas, que ha cautivado a una pareja que ahora entra en ella. Su maestro gondolero, con la camisa de manga corta de rayas blancas y azules y con pantalones negros, estrechos, sostiene entre sus manos el remo mientras un cuarteto vocal con la misma indumentaria que él entona una romántica canción de amor, acompañado del sonido de las olas y de un viejo acordeón. Lentamente, el maestro empieza a remar y se adentra hacia la misteriosa ciudad por el Rio Di Palazzo. A pocos metros se alza el Puente de los Suspiros, construción del s. XVII. Existe una leyenda muy azucarada y un tanto idealista (pero muy romántica y bella a la vez) acerca de dicho puente. La leyenda cuenta que a los amantes que pasen por debajo de él en góndola seran unidos en amor eterno para siempre; debe de ser por eso que ahora la pareja no puede dejar de sonreír, abrazados los dos y acurrucados en al parte posterior del barco, mientras los hombres siguen recitando bellos poemas de amor musicados y el gondolero, como un ser mecánico, va guiando a su amada, que surca sutilmente las aguas. El sol, tímido y ya cansado, se marcha lentamente y se funde con el mar. Como si fuese un helado que en nuestra mano se deshace, el agua se tiñe de colores rosáceos y anaranjados, en un marco perfecto para ellos dos e inolvidable para mí.

Pero el nombre del puente no se debe a los suspiros llenos de felicidad de los enamorados que se unen para siempre. El puente une el Palacio Ducal de Venecia con la antigua prisión de la Inquisición, y para acceder al puente existe un itinerario secreto que sólo los inquisidores conocían, que nace en las entrañas del Palacio Ducal. Por eso, cuando los prisioneros eran conducidos hacia los calabozos de la prisión, pasaban por dicho puente con sus almas entristecidas y ya desengañadas, muy conscientes que seguramente no volverían a ver ni el mar, ni el cielo, ni la luz del día iluminaría su rostro cada mañana; pues serían víctimas de las torturas y crueldades de los maestros inquisidores. Tal pesimismo es lógico que arrancara miles de suspiros de tantos corazones entristecidos y resignados a su destino.

Una bella y hermosa historia de amor y a su vez el relato de un destino cruel. Ambas historias en un mismo puente, en un mismo conjunto de piedras que recogen la esencia de lo que un día fue Venecia, de lo que alguna vez fue.


Esto es lo que los prisioneros veían desde dentro del puente. Detrás de la celosía, sin un rumbo aparente, su libertad desaparecía lentamente entre las aguas del canal hasta hundirse en un suspiro y desaparecer.

Viajar

Cada paisaje una historia, un momento una sensación, un recuerdo. Conocer mundo, otras culturas, otras personas de distintas creencias, de distinta personalidad, muy muy lejanas y a la vez personas con las que compartir sensaciones tan y tan parecidas a las nuestras. Quién pudiera recorrer el mundo entero y observar con sus propios ojos tales maravillas. Yo no puedo percibir esas sensaciones, la brisa impregnada del olor del ambiente, de la gente, de la comida que poco a poco se cuece, de los aromas típicos, de todo. Eso no me llega, no está a mi alcance, pero sí lo están los monumentos, los paisajes, la naturaleza, la belleza de los hombres... Imágenes que a través de la red sacian la sed de mis pupilas deseosas de aventura y placer. Aquí empiezo una ruta que me apetece compartir. Un viaje por las ciudades y países que más me atraen, ya sea por sus misterios, sus leyendas, su gente, su esencia. Mas sólo puedo conformarme por eso, pero de momento, me basta.

Cambio inesperado del lenguaje para David... Para que puedas comprenderme desde donde me leas... Siempre